lunes, 8 de septiembre de 2008

Tenía que pintarlo

Miraba el lienzo con dureza, dejándo atrás el dibujo entero y centrándose en cada línea, en cada detalle. No estaba acabado. Aun no. Había retoques que hacer, un par de trazos que añadr, para darle al mar un poco más de profundidad. Pequeñas cosas, que es lo que hacía grande el conjunto.

Bueno, grande... no era un gran artista. Ni siquiera era un artista y lo sabía. Aquello no iba de eso. No pintaba para ganarse la vida, ni para exponer, ni para moverse por círculos de pintores y escritores frustrados. Ni siquiera colgaba sus obras en casa. Pintaba para él, para sacar de las entrañas cosas que a veces ni sabía que tenía dentro. Pintaba porque le gustaba. Porque tenía que hacerlo. Punto.

No es que no hubiese expuesto alguna vez, en una villa de un cierto tamaño como la suya no resultaba complicado. Pero lo había hecho sobre todo por presiones de su madre, y para impresionar a una compañera de la universidad, a ver si había suerte. No la hubo, pero fue una experiencia. Una que no deseaba repetir, gracias. Cuando uno cambia un hobby por un trabajo, la cosa pierde su gracia.

Así que pintaba para él, que le hacía más feliz. Enseñaba su trabajo a su novia, claro. Y ella le comprendía casi mejor de lo que se comprendía él mismo. Ese fin de semana había vuelto a Jerez, a ver a su familia, cuando la idea del cuadro había empezado a rondarle la cabeza. Es mejor dejarte solo, mi amor, que así lo sacas antes de dentro.

Y ahí estaba, cerca de terminar. Con el olor de los oleos inundando la salita, manchando el plástico a sus pies, colocado para conservar el suelo, su ropa, sus manos. Quedaba poco para esa pequeña tristeza que daba terminar una obra, de decir todo lo que tienes que decir y no poder añadir más. Todo acto creativo, imaginaba, tenía ese sabor final. Porque todo era lo mismo. Tener algo en tu cabeza, necesitar expresarlo, plasmarlo como sea, en un cortometraje, un libro o lo que más te guste, y luego mirarlo, terminado. Dejar atrás una parte de tí.

Sobre el lienzo, una figura casi de espaldas, oscura, sin estar claro si es un hombre o una mujer, miraba sentado en la arena un mar bravo y recio que avanzaba hacia la arena. Casi podía verse, sin estar dibujada, una leve sonrisa en la comisura de su boca. Solo faltaban unos detalles.

Hundió su pincel, que había aclarado hace rato, en la paleta, y se dispuso a dejar atrás aquel cuadro.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

sin querer di con tu blogg me ha parecido maravilloso la forma en que relatas los hechos, has pensado en escribir un libro, estoy segura que seria un best seller :) gracias por darnos muy buen material para pasar un buen rato :)

Meltar dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Mel García dijo...

el éxito es solamente un estado mental. tu comentario me ha hecho sentir como si hubiese tenido éxito en algo, aunque no se bien en qué. Gracias.